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De la zona de confort al fracaso migratorio

fuente: iberoeconomia.es

Calidad de vida es lo que todos buscan al momento que deciden emigrar. A pesar de ser una razón más que suficiente para dar ese gran paso, la gran mayoría no lo materializa y terminan en el fracaso migratorio.

El tener que salir de la zona de confort y el miedo a perder el nivel de vida, hacen que la decisión de emigrar se convierta en algo muy remoto.

Muchos prefieren vivir en una burbuja, aunque cada vez con menos confort, pero lo suficientemente manejable para continuar llevando el día a día.

Por lo menos, hasta que llegue el punto de inflexión y no exista otra opción que emigrar.

Ese miedo al cambio es muy común en América Latina debido al apego tan grande que existe a los bienes materiales y la importancia del estatus social en la cultura latina.

No es un secreto que en ciertas culturas la posesión de bienes materiales otorga cierto reconocimiento social.

Ahora, cuando se entiende que lo material carece de total importancia si no existe libertad ni seguridad, el emigrar se convierte en una posible realidad.

Creencias que llevan al fracaso migratorio

Al emigrar, se arrastran creencias que ejercen una enorme influencia en el subconsciente y pueden llevar al fracaso migratorio.

Una de las más perjudiciales es el asumir que mientras  más tenemos, más somos.

Lamentablemente, en ciertos países y culturas, se define a la persona por la manera de vestir o simplemente por el vehículo que conduzca.

Ese apego a lo material y necesidad imperante de impresionar a otros, muchas veces se agudiza al emigrar influyendo directamente en el proceso migratorio.

Las deudas nos alejan de la Calidad de Vida

El verdadero problema de esas creencias comienza cuando se adquieren deudas innecesarias que se van acumulando con el tiempo en el nuevo país.

De esta manera, esa paz mental y estabilidad que se buscaba al emigrar se hace cada vez más inalcanzable resultado en la perdida de la calidad de vida.

Esa persona que una vez emigró en busca de una mejor vida, ahora se ve obligada a trabajar largas horas en un empleo que probablemente no le aporte nada como persona más que un salario para cumplir con esos compromisos económicos.

Al mismo tiempo, la parte intelectual no avanza y las horas de goce y disfrute disminuyen.

Si a esto le sumamos una inestabilidad legal, las consecuencias son mucho peores.

El resultado, “emigré y todavía no he logrado la calidad de vida que buscaba”.

Esto es lo que escucho una y otra vez de personas que han emigrado a ciudades donde el apego a lo material y las apariencias son parte del día a día.

Se pudiera concluir que esto no es culpa del entorno, sino de la persona que no sabe manejar sus deudas.

Ahora, si se vive en una ciudad donde los sueldos no alcanzan, el crédito es muy fácil de obtener, y la apariencia es crucial en el área laboral y sobre todo social, definitivamente el entorno contribuye a mantener ese apego a lo material.

Tranquilidad económica al emigrar

Después de 20 años asistiendo legalmente a miles de personas a mejorar su calidad de vida, he concluido que existen tres factores que no deben de faltar al emigrar:

1) preservar la salud

2) obtener una legalidad definitiva

3) tener tranquilidad económica.

Con esto último no me refiero a la estabilidad económica, ya que esa estabilidad generalmente se obtiene con el tiempo y el esfuerzo.

La tranquilidad económica es el poder asumir sin mayor problema los compromisos que se vayan adquiriendo con el tiempo sin que se pierda la paz mental.

Estos tres factores son fundamentales para lograr la calidad de vida que se busca al emigrar.

Tener metas claras al emigrar

Definitivamente, existen destinos migratorios que invitan al “tener”, mientras que otros invitan al “ser”.

Es decir, unos incitan a lo material y banal, mientras otros invitan a disfrutar de las cosas simples y verdaderamente importantes de la vida.

Es crucial entender desde un comienzo que es lo que se desea alcanzar al emigrar, no solo a corto plazo, sino también a futuro.

Calidad de vida va mucho más allá de poder caminar sin miedo, contar con servicios de luz, agua, salud, entre otros.

Sin duda, todo esto puede formar parte de lo que desea lograr, pero es una pequeña fracción de ese concepto tan amplio y subjetivo que llamamos calidad de vida.

El emigrar es una oportunidad para evolucionar y darle prioridad al “SER”

El tener que emigrar debe ser una oportunidad para dejar a un lado ese apego a lo material y buscar un destino que ofrezca una vida más simple y que contribuya a alimentar el ser.

Se debe de aprovechar el cambio de vida para evolucionar como ser humano y deshacerse de esa creencia de que mientras más tenemos, más somos.

La importancia que se le da a los bienes materiales y las apariencias, deben de quedar en el país de origen.

De esta manera, se podrá disfrutar plenamente de las cosas importantes y llegar a la calidad de vida que se desea.

Elegir el destino correcto definitivamente contribuye a lograr los objetivos que se buscan al emigrar.

Hay entornos que alimental el apego al “tener”, mientras que otros nos invitan a llenar el “ser”.

Cada persona es libre de elegir el camino que le lleve a su propia meta, pero solo uno evita el fracaso migratorio.

Alexandre Rangel

Director General del Grupo SIEspaña

@gruposiespana

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